Trump y Xi acuerdan un canal de comunicación sobre incidentes de IA mientras Sanders y Casar proponen prohibir la superinteligencia
Horas después de que el líder chino pidiera mantener la supervisión humana sobre la IA en su visita de Estado a Washington, dos legisladores progresistas presentaron una ley que castigaría con hasta 20 años de cárcel el desarrollo de sistemas que superen la cognición humana.
Washington y Pekín, de la rivalidad tecnológica a un canal de comunicación compartido
Tras la reunión celebrada el jueves 25 de septiembre de 2026 en la Casa Blanca, Estados Unidos y China acordaron crear un canal de comunicación específico para gestionar incidentes relacionados con la inteligencia artificial. Durante su intervención ante autoridades y medios de ambos países, el presidente chino Xi Jinping pidió que el desarrollo de la IA mantenga la supervisión humana en todo momento: "La inteligencia artificial debe mantenerse bajo control humano y utilizarse para el bienestar de la gente", afirmó. Xi sostuvo además que Pekín y Washington comparten una responsabilidad conjunta por su posición dominante en el sector tecnológico global.
Donald Trump, por su parte, propuso durante el encuentro sustituir el término "inteligencia artificial" por "superinteligencia", un concepto que definió como "más preciso e importante" y que, según sus propias palabras, los líderes tecnológicos presentes en la cena de Estado del jueves habrían aceptado. La inteligencia artificial formó parte de una agenda bilateral más amplia, que incluyó también comercio, seguridad y vínculos entre las sociedades de ambos países.
En Washington, la respuesta progresista: prohibir directamente la superinteligencia
Apenas dos días antes de la cumbre, el senador independiente Bernie Sanders y el representante demócrata Greg Casar presentaron el 23 de septiembre la "Ban Artificial Superintelligence Act", un proyecto de ley de 19 páginas que prohibiría de forma permanente el desarrollo y despliegue de sistemas de IA que superen el rendimiento cognitivo humano en la mayoría de los ámbitos, pausaría de forma temporal el desarrollo de IA avanzada hasta que exista un marco regulador federal, y crearía un nuevo Departamento de Inteligencia Artificial de rango ministerial encargado de supervisar el sector. Los infractores se enfrentarían a lo que los propios legisladores denominaron "pena de muerte corporativa", además de hasta 20 años de prisión, una pena que Sanders equiparó a la del desarrollo ilegal de armas nucleares.
Un mismo tema, dos velocidades políticas completamente distintas
Casar, presidente del Caucus Progresista del Congreso, subrayó durante una rueda de prensa que la ley se dirige específicamente contra la "autosuperación recursiva", el proceso mediante el cual un modelo de IA construye versiones más avanzadas de sí mismo sin intervención humana directa. Sanders instó directamente a Trump a trabajar junto a Xi en límites concretos a la IA, incluida una prohibición internacional de la superinteligencia, una petición que contrasta con el tono conciliador y orientado a la cooperación económica que predominó en la cumbre de la Casa Blanca. El contraste entre ambos frentes —un acuerdo diplomático de mínimos entre las dos superpotencias y una propuesta legislativa radical dentro del propio Congreso estadounidense— retrata con precisión lo dividido que sigue estando el debate sobre cómo contener los riesgos de la inteligencia artificial de frontera.